Dannys Montes de Oca Moreda

Donde se realiza un modelo integrado.

La exposición Estética x Genética del artista matancero Nadalito, con la participación especial del diseñador Roberto Rodríguez, presentada en la galería 23 y 12 de esta capital durante el último Verano mostró un proceso coherente de interrelación entre diferentes aspectos de su trayectoria creadora. El tema principal, el del consumo, ubicaba la cuestión del diseño y sus diferentes niveles de integración con las artes como un tópico fundamental a desarrollar. Se trataba de una propuesta articulada desde los efectos prácticos del diseño museográfico y/o publicitario donde museografía y obra formaban una unidad que no se limitaba al ejercicio -también conceptual- la museografía es la obra / la obra es la museografía, sino a funciones que vinculan arte y diseño a cuestiones esenciales de socialización  y comunicación.

Nadal remedaba la estética de los moles comerciales, de las tiendas por departamentos y del diseño de modas en un reciclaje de códigos y referencias tanto de la esfera pública (arte y diseño; arte y cultura visual), como de estados individuales o personales (espirituales y materiales). Creo que en este sentido es el proyecto que más lejos ha llegado en aquello de establecer equivalencias en cuanto a la matriz comercial y publicitaria como modelo de organización del arte y la cultura contemporáneas (aún y paradójicamente la nuestra) así como en lo relativo a la idea de mostrar la estética y la mentalidad consumistas como parte de un nuevo y extendido orden de relaciones sociales.  

Esta que pudiera parecer una postura snob por aquello de presentarse como evidencia de una realidad corporativa y telemática aparentemente fuera de nuestro alcance, es traída a colación y llevada a sus mayores consecuencias por alguien que vive y trabaja en el polo turístico de Varadero desde donde irradian -hacia contextos más cercanos- realidades y prácticas de consumo que ya forman parte de nuestra cotidianidad y que tampoco son ajenas al contexto capitalino. Extrapolar esa experiencia a la galería habanera de 23 y 12 en la misma esquina del complejo comercial  homónimo, convertía la propuesta en un acto de provocación sociológica y estética. El objeto y el sentimiento de consumo como prenda o patrón de seducción hacen de la publicidad un mecanismo arbitrario en el sentido en que se nos presenta como algo natural, casi genético. Nadal tensa y controla estos niveles de antagonismo con recubrimientos (pátinas, textos, ralladuras) que unifican superficies fotográficas y planos opuestos de realidad. En la misma medida la galería, con sus pulcras vidrieras, expandió sus predios y ganó público no solo al proyectarse visualmente hacia el exterior sino porque así atrajo a un espectador que cándidamente se interesaba por la rebaja de zapatos allí anunciada, por la moneda con la que se podía adquirir aquel producto, o en el mejor de los casos, por el nuevo precio de las obras de arte puestas a la venta…., toda una oferta especial de Verano y una trampa que el público debía sortear desde el carácter crítico y muchas veces distanciado que el propio arte contemporáneo provoca.

Y es ahí donde Estética x Genética deviene punto de partida e inspiración a esta breve reseña de su obra, pues el artista realiza un ajuste de cuentas consigo mismo (“copia de copia de la copia”) en el cual ha reciclado momentos e imágenes diferentes de su obra para superponer unas a otras y dar cuenta de la simbiosis de mensajes que forman el entorno visual contemporáneo,  y del modelo integrado en que se inscriben nuestras percepciones; un modelo aparentemente creativo, crítico, pero en última instancia pasivo, disciplinado, ante los imperativos y recomendaciones del dominio publicitario.

Como antecedente de estas reflexiones sus series Mi propia historia (La razón de la duda), 2003, y Fusión, 2004, abordaban ya el  dualismo moderno realidad/representación desde la perspectiva del que amplifica y cuestiona tanta superposición y cadenas de referentes. Mi propia historia (ó Filosofando con imágenes) abordaba el núcleo temático Casa-Trabajo-País-Sobrevivencia en imágenes analógicas cuyos negativos de 35 mm fueron rallados y escritos en “recubrimientos” con plumones, óleos, tintas vegetales, etc., con lo cual incorporaba casi por primera vez en la fotografía cubana , el uso del texto. Y vaya paradoja si recordamos que las fotografías de Gory, Marta María Pérez, René Peña, entre otros, han incursionado en la relación texto-imágenes, pero de igual forma solo en Nadal el texto es parte original e íntegra del procedimiento de la propia fotografía. ¿Y qué importancia tendría un antes o un después a los efectos de la comunicación y de la impronta conceptual que se quiere transmitir? ¿Cual es la diferencia? Ninguna si no fuera porque en Nadal el texto producía una desfragmentación, rotura o desgarramiento de la imagen. Era también imagen fotografiada o creada como parte orgánica de la propia fotografía. De una palabra nacía una obra, se convertía en célula básica en transformación. Un  texto superpuesto o acotado a una imagen funciona como complemento; un texto como modelo de representación de un concepto incorporado con incisiones, dibujos, o manchas, es fotografía también.

Igualmente con Te Ve Play, 2004 Nadal empezaba a aislar cada vez más la imagen de sus contextos para dejar claro que no se trataba de la representación de la realidad, sino de la representación de un concepto de representación de esta realidad incluso mediada por otras representaciones o lo que sería igual, por representaciones tecnológicas, mediáticas, de dicha realidad en televisores, computadoras, MP3, etc. En esta dirección mezclaba técnica digital y analógica para resolver problemas que se solucionan de manera mucho más sencilla a través de los software de computación, pero en función de hacer obvio el contrapunto de realidades antagónicas como la integración cuerpo humano-tecnología. Pero esta, era también una forma de alusión al método o recurso de la tecnología digital resuelta por edición, superposición o yuxtaposición de planos, y a la  inserción de la pantalla–ventana en las vidas humanas, convertida ya en extensión (sustitución) de nuestros cuerpos y (por qué no?) de nuestras almas. Nadalito nos hablaba de un nuevo hombre cultural en la medida en que unificaba aspectos materiales, tecnológicos y poéticos del nuevo ser. Es curioso como algunas mentes deambulan por estas realidades, mientras otras conviven sin darse apenas cuenta de tal transposición.

Un poco menos complicado.

Sin embargo, en fecha más reciente su proyecto Cuestiones de Estados (Revolución y Cultura, enero, 2008) pareciera llevarnos de regreso a aquellos pasos iniciales suyos en los que el purismo fotográfico y la simplicidad formal  eran clave de la obra, mientras que la noción de autor vuelve a presentarse como único e irrepetible. Todo ello viene a ratificarnos a Nadal como un fotógrafo no de lo real sino de realidades conceptuadas.

El juego intelectual deriva aquí de la unidad entre el paisaje físico y el paisaje emocional teniendo por éste no el género a la manera pictórica (incluso fotográfica) tradicional sino una interpretación de aquello que encontramos a nuestro alrededor, en el horizonte, o circunscrito a nuestros pies. Pero incluso esa perspectiva de distancia (acercamiento) al campo visual de referencia alude también a un estado de la mente más o menos abierta, más o menos abarcadora, más o menos presente, concentrada o distante en sus reflexiones. A ese “paisaje” mínimo encontrado (minimalista), o “paisaje” mental recreado (neoromántico), Nadalito integra el texto, tantas otras veces motivo de sus investigaciones. El procedimiento en este caso es una operación cultural que supera intencionadamente la manera en que sus primeros “recubrimientos” -dicho sea de paso, un recurso muy poco o nada explotado por la fotografía cubana- cuestionaba el antes y el después en la foto, lo artesanal y lo tecnológico, lo intelectual y lo mecánico, y funcionaba como equilibrio de fuerzas entre las implicaciones del ejercicio digital en congruencia con el modo en que se integran estos procesos a un nuevo estado y ejercicio práctico de la mente, donde la fotografía deja de ser realidad develada, antes bien  definitivamente construida. En Cuestiones de estados a ese fragmento aislado de realidad se integra un concepto o idea de la relación texto imagen, como registro del acto mismo de inspiración que precede a la creación.

Como antes en Filosofando con imágenes, Fusión, o incluso en Estética x Genética aquí se nos habla -aunque de otra manera- de miedos, dudas, desequilibrios, errores, memorias, etc., pero no ya desde la complejización del código sino todo lo contrario, como quien regresa a estados prístinos del hombre en la búsqueda de algún recurso de salvación, de alguna solución.

Es en esta dirección hacia donde también apunta su proyecto inédito Redes de Confidencias, en la búsqueda de una esencialidad humana, una humanidad (y valga la redundancia) que nos una por encima de nuestras diferencias – individuales, materiales, locales, - no para devolvernos lo que tenemos de común,  incluso desde esa falsa homologación de realidades globales, sino en un consenso que tienda a la humildad de unos hombres con otros, de unas realidades frente a otras, o del propio hombre frente a su inseguridad y desesperanza.    

… Y mucho menos elitista.

En este último caso la fotografía vendría a develarnos esa suerte de encantamiento que nos une a partir de la  imagen tecnológica digital cada vez más estandarizada y consecuentemente una práctica nuevamente utópica y menos elitista. Y es que el artista pocas veces encontró total aceptación en el gremio fotográfico. Se trataba, en primer término, de que había apostado “equívocamente” al color. Pudiera decirse con absoluta confianza que instauró –desde la no muy lejana Matanzas- una tradición del color en la fotografía cubana que se apoyaba -con inteligencia- en convencionalismos y recursos de poca valía para las exigencias incluso contemporáneas de la fotografía artística. Su obra La canasta, 1994 fue finalista del Salón Nacional de Fotografía (1999) de la Fototeca de Cuba. Se trataba de una secuencia analógica hecha con película de color que mostraba tres instantáneas del sol acercándose y entrando a una canasta de baloncesto. Una obra construida desde el principio de la instantánea a la que según opinión de muchos el blanco y negro le hubiera conferido un tono más serio y trascendente.

Un día de Ofelia, 1999, uno de los primeros (y mejores) ensayos fotográficos a color, convertía ocho acciones cotidianas de su tía Ofelia (coser, limpiar, lavar, tender, …) y su espacio de vida, en estudio para una estética diferente de la belleza cotidiana; una estética que nos hacía prácticamente regresar a la fotografía de estudio o a la fotografía más convencional, a fin de legitimar el espacio y la vida doméstica más popular; mientras que con Juegos eróticos o Relato erótico, 2001[1], producía el engaño “pictórico” de una imagen digitalmente trabajada cuando en realidad se trataba de un registro digital instantáneo realizado a escondidas por una cámara de poca resolución que  captaba lo que él bautizó como “erotismo de oficina” aludiendo a esa ritualidad en la que la subversión sutil se torna  rompimiento autorizado de la norma.

Lo que para él había sido una cuestión esencial, el color, para otros resultaba un problema. Cuando rastreamos esos orígenes del color en la fotografía cubana, solo encontrábamos iguales en las fotografías “iluminadas” en el cuarto oscuro por Gory allá en la década del 80, en los experimentos de Fors para virar sus imágenes al sepia, en las fotografías de Arturo Cuenca, o más recientemente en Yamila Lomba cuando alteraba el revelado de la diapositiva e imprimía con las variantes de color que ello producía. Pero si bien estos artistas usaron el color como un elemento traído a colación (o añadido) en determinadas circunstancias, para Nadal la fotografía era el color, toda su obra está hecha desde la película de color y sobre sus presupuestos tecnológicos. Hoy con el arte y la tecnología digitales nadie se cuestiona su uso pero entonces el color no era artístico, las galerías cubanas veían con desconfianza su uso. Solo dos o tres antecedentes aislados podrían citarse en esta dirección: la fotografía submarina que había comenzado a tener sus aficionados y profesionales en Cuba[2], algún premio de la Revista Revolución y Cultura[3] y la gestión de la Casa de las Américas con su Premio de Ensayo Fotográfico.

Hablo del año 1987 cuando el artista en ciernes alcanzaba a ver que la fotografía era además de esa historia familiar de cumpleaños y bodas, ó un medio para hacer dinero mientras complacías a sus semejantes…, una imagen tecnológica que le proporcionaba la mejor manera  de experimentar y decir cosas.  Asimismo, estudios autodidactas de técnica y composición lo ayudaron a encontrar un camino de expresión donde, siempre desde el color, pasa de la imagen que reproducía la realidad a crear sus propias composiciones usando como terreno fértil el cuerpo humano y su sexualidad. Estos ensayos serían con posterioridad agrupados bajo el título Desnudo de colores, 2001-2002  donde el juego de representar es un equivalente de la destreza y belleza del despliegue del cuerpo en la sexualidad. De esta serie Fantasía 2001, recreaba  la idea del voyeaur que intenta descubrir lo que hay tras líneas sinuosas, sugerencias corporales y movimientos equivalentes a la danza de los sexos, y más que sugerir, creaba una fisura temática en las representaciones de género y sexualidad al hacer realidad fotográfica la fantasía sexual masculina de presenciar una relación entre dos mujeres.

Por otra parte su instalación El mirón (Fototeca de Cuba, 2002) ubicaba al espectador en la perspectiva casi costumbrista de esos personajes que, debajo del  Puente de Tirry de Matanzas, miran hacia arriba imaginando lo que no pueden ver. Estas series junto a otras como  Haciendo el amor xy, 2001[4], hicieron del color un mediador de atributos expresivos tanto como la propia concepción y el encuadre fotográfico. En esta última los modelos (hombres y mujeres) fueron ubicados encima del papel fotográfico en un fotograma directo -una especie de homenaje analógico a Man Ray- que parecía mostrar más el aspecto biológico o científico que su naturaleza sensual, aunque el color cálido y fuerte remarcaría el aspecto erótico en contraposición al efecto radiográfico. De igual modo nos colocaba en una predisposición analítica sobre lo que es arte y lo que no lo es, y sobre los límites entre arte y pornografía. Tanto una como otra serie jugaron con el espectador y la crítica sobre la manipulación, es decir sobre el hecho de insertar un mensaje sin que el espectador sepa que lo está consumiendo, un recurso por demás muy propio de la publicidad.

Mi propia historia (ó La razón de la duda), 2003, Te Ve Play, 2004,  Estética X Genética, 2007 y Cuestiones de estados,  2008, entre otros ya mencionados, son proyectos que ubican a Nadalito en la tradición de la fotografía y el arte cubanos más experimental, con fotografías (analógicas o digitales) que son equivalentes redimensionados de nuestras vidas, vidas que nosotros mismos producimos, edificamos, para convertirnos en sus consumidores, y muchas veces en sus propios esclavos.

La Habana, enero del 2008

 

[1] Premiada con el Gran Premio en el X Salón Nacional de Arte Erótico, 2004, de la Galería Fayad Jamís, y luego como el Primer Premio, Fotografía digital,  VII Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital, Centro Pablo de la Torriente,  La Habana, 2005.
[2] Pienso en la labor de Alberto Díaz Korda como fotógrafo del Departamento de Investigaciones Submarinas de la Academia de Ciencia de Cuba entre 1968 y 1980.
[3] Aunque he tratado de colegiar y verificar esta información sin mayores logros  tengo –creo- el mejor de los ejemplos a mi mano, la contraportada de una Revolución y Cultura (No. 2, 1990) en la que reproducen el Premio de Fotografía Revolución y Cultura otorgado a Alfredo Betancourt por su pieza El turista
[4] Premio del Consejo Provincial de las Artes Plásticas,  X Salón Roberto Diago, Matanzas, 2001.

De la serie: Relato Erótico, 2001 / Fotografía digital
De la serie: Relato Erótico
2001
De la serie: Un día de Ofelia, 1999 - 2000 / Fotografía a color / 50 x 60 cm cada una
De la serie: Un día de Ofelia
De 1999 hasta 2000
Del Proyecto: Cuestiones de Estado. Memoria, 2008
Del Proyecto: Cuestiones de Estado
De 2008 hasta 2013
El Mirón, 2005 / Fotografía, madera / Dimensiones variables
El Mirón
2005
Instalación Estética X Genética
Instalación Estética X Genética.
2007
Silabismo. Peligro / Silabismo fotocubierto* / 100 x 150 cm / 2004
Silabismo. Peligro
2004
TV Play, 2004 / Instalación / Dimensiones variables
TV Play
2004