Andrés D. Abreu

Arte y/o Diseño, he aquí uno de los pares conceptuales y categóricos que más  indagaciones, polémicas, disertaciones y controversias está aportando a los estudios visuales de la contemporaneidad sobre todo en aquellos sistemas de investigación que persisten en  la necesidad de establecer límites y definiciones concretas para desarrollar sus análisis sobre la actual creación de imágenes emitidas. De igual manera esta posible dualidad genera teorías complejas, cuestionadas y cuestionadoras desde esas otras corrientes del pensamiento que se lanzan a una batalla por la desfronterización total de los géneros y campos concomitantes apostando por un cierto caos e indeterminación filosóficos que en buena medida le está coherente a este mundo real aferrado a la fragmentación extrema por un lado y la globalización extensiva por el otro. Así es que la moderna y sostenida puja y convivencia entre Arte y/o Diseño se ha puesto más que de moda en términos de acción y razonamiento a la par que extiende sus dominios sobre los modos de la vida contemporánea, abarrotados de mensajes y productos de sofisticada y seductora elaboración.

No son pocos los artistas que se sustentan hoy económicamente participando en grupos interdisciplinarios de trabajo para las llamadas artes aplicadas y no menos son los que totalmente conscientes o aparentemente inconscientes están día a día creando  bajo la presión de obtener un producto visualmente bien diseñado amén de la manifestación, estética o corriente artística que base sus creaciones. Mucho más evidente se hace esta preocupación en términos de exposición pública de la obra: momento en que se pasa directamente a formar parte de la megacompetencia de imágenes emitidas en el contexto sociocultural donde se expone. Y para no pasar inadvertidos, artista y obra se fuerzan a jugar al duro en terrenos de diseño visual y estrategias de comunicación.

Un ejemplo, ya no tan reciente pero todavía recordado de esta confabulación en predios de nuestras galerías habaneras, lo fue Daños Colaterales, una colección de los fotógrafos Ernesto Javier y René Rodríguez mostrada en Villa Manuela (UNEAC) con curaduría de Elvia Rosa Castro, una de las teóricas nacionales que ha discursado sobre el comprometido asunto Diseño ≈ Arte y viceversa. La ensayista en sus palabras para el catálogo de la referida exposición expresó: “Vuelven el arte y el diseño de la mano, tópico esencial en estos años donde el maridaje se torna inevitable por necesario”.

El más reciente compromiso en estos predios lo acaban de establecer en la galería 23 y 12 el artista Nadal Antelmo Vizcaíno y el diseñador Roberto Rodríguez con Estética × Genética. Nuevamente la fotografía se movió como sedimento del pacto expositivo pero esta vez la experimentación formal, tanto analógica como digital, sobre el medio a color marcó una pauta de distinción pocas veces trabajada y vista en el amplio panorama fotográfico nacional. Por su parte el diseño no fue un recurso infiltrado a la propia obra para el acto de exponer, sino que por su pertenencia al orden reflexivo y los terrenos de indagación del joven y bastante premiado artista matancero estuvo bien demandar de su lúdica presencia a la hora de concebir la propuesta museográfica de la exposición. Y para ello Nadal convocó a Rodríguez con gran experiencia en la armazón de estructuras y espacios de alto impacto publicitario y comercial.

 

Tal vez a los autores les faltó tiempo y recursos para concebir con la total precisión necesaria sus ideas proyectadas pero lo hecho alcanzó para sustentar la tesis esencial planteada: manipular externamente una ilusión grandilocuente para luego adentrar al seducido en el desencanto.

Esa incómoda suspensión ante el engaño se propicia en el receptor desde dos perspectivas: la del consumidor cotidiano, que fascinado por los objetos, iconos y registros asociados al mercado y su  publicidad mediática, penetra en una especie de “boutique decadente” buscando una rebaja de artículos de moda y deviene  desconcertado cliente de una expo-venta de arte; y la del espectador consciente, quien ya asumido de su posición ante un hecho artístico diseñado como farsa, es atraído por una serie de sediciosas imágenes que manejan alternativamente códigos de la más recurrente y mercantil “belleza” (kich incluido) y la sórdida realidad de un universo que en su frivolidad descontrolada se vuelve mezquino.

Para quienes sobrepasan el be shocked o la contrariedad receptiva se abre entonces la asimilación de un discurso de severo enfrentamiento entre conceptos y maneras opuestas y a su vez concomitantes que van desde sexo y violencia hasta análogo y digital pasando por juventud y vejez, moda y ética, informalismo y preciosismo, realidad y virtualidad.

Esa lucha entre lo naturalmente humano y sus propios aliados y contrarios generados por el hombre social en su irracional afán de perfección y progreso de su status frente al otro, es aludida directa o indirectamente en Estética × Genética, una  colección de fotografías a color e impresiones de arte digital que pudo comprarse y verse en una temporalmente rediseñada galería comercial de 23 y 12, un centro de arte que continúa apostando y arriesgando a favor de la experimentación y la inquietud.

Instalación Estética X Genética
Instalación Estética X Genética.
2007