Elvis Fuentes

Nadal Antelmo ha sido premiado dos años consecutivos en el Salón provincial Roberto Diago, de Matanzas. En el 2000 presentó la serie titulada Un día de Ofelia, entonces solo constaba de cuatro fotografías a color, pues no había podido imprimir las otras dos piezas que ahora conforman la serie. Este año concurso con el tríptico Juegos Eróticos en dicho Salón, una serie con recursos formales que parecen indicar un nuevo camino en sus búsquedas dentro de la fotografía.

Nadalito como es mejor conocido, vive en Santa Marta, la que fuera predestinada según chiste de Chaflan (humorista cubano ya fallecido) como la capital de Varadero en el 2000. La cercanía al balneario condiciona su consumo diario de imágenes, historias, mitos de televisión o el mundo light de los medios. La proverbial mercantilización del arte ligado al turismo es algo que Nadal conoce de cerca. También el peculiar mundo publicitario, que aún sigue estando alejado del entorno social cubano más amplio, es cotidiano para este observador. El lenguaje edulcorado de los medios de de comunicación masiva, las vallas, los comerciales, etc., ocupan un importante espacio en su sistema referencial.

Sin embargo, aunque es fotógrafo autodidacta, Nadalito no desconoce la tradición del lente en la isla. La fotografía conformó la imagen de la revolución cubana, la epopeya masiva, a través del reportaje de eventos que se sucedían. Este leguaje terminó por osificarse con el paso del tiempo, cuando el proceso dejó de generar noticias. Entonces, la repetición de fórmula iconográficas sobre temas  reiterados  durante muchos años, produjo el hastío entre una nueva generación de fotógrafos  y artistas plásticos en general.

La fotografía de reportaje comenzó a ser socavada por dos vías fundamentales: primero, la realización de una fotografía manipulada, con énfasis en el tratamiento de temas íntimos e intrascendentes,  segundo, la utilización del carácter documental del medio, pero para registrar sucesos esencialmente vinculados a lo personal. Alguna de los artistas protagonistas fueron: Marucha (quien fue también fundadora de la Fototeca de Cuba, lo cual garantizaba la promoción y el apoyo a las nuevas  búsquedas), con su serie de fotos familiares. Arturo Cuenca y Rogelio López Marín (Gory), cuya utilización de texto e imagen tiene un sentido profundamente diferenciado, (en Cuenca, mas didáctico, en Gory, de corte sentimental) ; y Marta María Pérez Bravo, en cuya obra se puede rastrear una marca de la influencia de Ana Mendieta en el contexto cubano; la posibilidad de no renunciar al carácter documental de la fotografía, pero cambiando su estilo mediante la “trivialización”, del referente (no la épica social, sino la batalla personal del cuerpo femenino: embarazo, maternidad, etc.)

Este grupo significativo de fotógrafos renovó el lenguaje del medio, aunque antes también la fotografía había sido el punto de partida de la tendencia pictórica que marco el inicio de un nuevo acercamiento cosmopolita en el arte cubano: El foto realismo de Flavio Garciandia, el propio Gory, la injustamente olvidada Nélida López, Aldo Menéndez, quien fuera su máximo promotor, entre otros. Por distintas razones estos dos momentos relacionados con la fotografía desaparecieron de la escena cubana (salvo Pérez Bravo, quien se ha mantenido exponiendo en la Habana). La entrada de la década de los 90, marca la aparición de un nuevo grupo, conformado esencialmente bajo la tutela del crítico Juan Antonio Molina, muy ligado a Matanzas.

Matanzas vino a ocupar un sitio importante con el trabajo de dos fotógrafos Abigaíl Gonzales y Ramón Pacheco. Ellos se vinieron a sumar a la labor de otros artistas como René Peña, Carlos Garaicoa, Manuel Piña entre otros.

La nueva hornada de fotógrafos parecía cubrir todas las posibilidades expresivas y estéticas. El foto reportaje, estimulado también a través de los Premios de Ensayo Fotográfico de Casa de Las Américas, resurge con fuerza. La fotografía manipulada cobra nuevo auge con la aplicación de medios digitales o la expansión de su influencia en la visualidad contemporánea, etc.

Dentro de este contexto la obra fotográfica de Nadal Antelmo viene a cubrir un espacio de originalidad. Su propuesta tiene la virtud de interferir los leguajes de la fotografía de reportaje con la publicitaria, de suerte que una marca de ambigüedad recorre sus series sobre temas intrascendentes. Un día de Ofelia es el día de una ama de casa cualquiera. La mirada dulzona es lo que marca la diferencia. Además, nunca fue el tema más banal. Y sin embargo, algo parece señalar a esta mujer, agotada al final del día, como símbolo del sacrificio diario por la vida.

A veces Nadalito se manifiesta con peculiar didactismo, como en Víctima Inocente; habla sobre la inmovilidad o repetición de la historia; intenta un estudio sociológico con la serie de los fisiculturistas y la caracterización de personajes tipos como el Maceta o el Burócrata. Pero esta supuesta “seriedad” educativa y moralizante es puesta en tela de juicio por medio del lenguaje de las imágenes, que oscila entre el estatismo de la composición estudiada y el movimiento. Un ejemplo es la apariencia de foto fija tomada de un video que adquieren algunas piezas. Esto le da aún mayor sentido de documento, si tenemos en cuenta la mayor credibilidad del video, en cuanto a que nos acerca con más efectividad al mundo real al apoyarse en el sonido y el movimiento.

La intersección de los lenguajes épico y edulcorado de la fotografía de reportaje y publicitaria, respectivamente, toca también tangencialmente los temas de la manipulación y la simulación de la supuesta realidad fotográfica. Esto tiene acabada expresión en la serie Malakoff 2000, en la que el motivo es una plaza de Cárdenas, cuya función de mercado se ha mantenido inalterada por más de un siglo. Las fotos de Nadalito, recientes, pueden ser tratadas también como material arqueológico e histórico de una realidad constante.

Las búsquedas de Nadal Antelmo en este sentido son en verdad estimulantes, pues integran al concierto de la fotografía cubana un aspecto hasta ahora inédito. Sus historias, ciertamente bien contadas, son como fotonovelas con final feliz o moraleja, pero en cualquier caso con un fin más allá de los medios.

La Habana 2001

One day Ophelia, 1999 - 2000 / Color photograph / 50 x 60 cm
One day Ophelia
1999 to 2000