Magaly Espinosa

Yo fotografío para ver el aspecto que tiene el mundo en la fotografía.
 Gary Winogrand.

 

En el año 1931 Walter Benjamin escribía “…La naturaleza que habla a la cámara es distinta de la que habla al ojo; distinta sobre todo porque, gracias a ella, un espacio construido inconscientemente sustituye al espacio constituido por la conciencia humana…” [1]El tema de cómo entender el aura del arte frente a la competencia de la reproducción técnica de la obra, de lo que implicaba esa reproducción y de las nuevas experiencias que surgían en el receptor ante esas formas de reproducción, ocupó gran parte de los reflexiones de este eminente pensador. Pero si ello sigue siendo interés de los estudios sobre el arte en el presente, cuando se han ampliado y diversificado sus habilidades tecnológicas, es porque los límites entre aura y representación, continúan influyendo sobre la definición del arte.

Esa concisa frase encierra el misterio de la creación, lo que vemos no es lo que las cosas son, la cámara recoge solo un instante, pero las cosas, las formas de lo real, son algo más que nuestra percepción, son entre otros aspectos, una carga de pasado modelado por un presente. La fotografía es privilegiada en ese juego entre lo que se representa y lo real, al captar el instante, cuando abre la posibilidad de hacer arte y hacer un discurso que indague alrededor de su analítica: el espectador debe leer la imagen no se puede conformar con observarla.

La fotografía facilita los beneficios que trae consigo la reproducción ampliada para la expansión del arte hacia campos cercanos, como son el diseño o la publicidad. No se trata entonces de negar el valor de esa reproducción, consideración que Benjamín vislumbró ya en época temprana, si no en comprender las posibilidades estéticas que una nueva forma de construcción artística depara al propio arte.

Nadal Antelmo  es un artista contradictorio, porque si en un sentido parece mofarse de todo lo que no sea los holgorios de su vida, en otro, encontramos en su haber una obra desprejuiciada que aborda temas escabrosos de nuestra realidad, interesado en la búsqueda de soluciones visuales que orquesten armónicamente lo contenidista y lo formal. Creador inclasificable, gestiona el arte desde las contaminaciones estilísticas y  el carácter plural que identifica la producción visual contemporánea, tratando de ahondar en los sentidos internos de lo real, en los significados no evidentes, en aquellos lazos que conectan causas y efectos. 

Su creación comprende una extensa producción sobre todo en la fotografía, que abarca series en proceso como la conocida Redes de Confidencias (2007-) junto a los envíos esporádicos de La Mentirosa, otras como Estética x Genética (2006) Foto TV (2004) también aquellas que hacen énfasis en lo textual, lo que significó, en el contexto de la fotografía cubana, un impulso para las posturas que priorizan el proceso analítico de construcción de la imagen, desde esta perspectiva se pueden señalar las series Mi historia y Filosofando con imágenes, (2003-2004)

Quisiera detenerme en algunos conjuntos fotográficos posteriores que acentúan la disipación de los límites entre los géneros de la fotografía,  dándole una importancia de primer orden a los contenidos sociales y culturales, acercándose de esta forma al denominado Nuevo documentalismo y a la fotografía conceptual y neoconceptual. Ellas son: Azul (2007) Detritus, (2007) Cuestiones de estado, (2008) Leyendo el muro (2012) y Los signos del cambio (2012) y la labor multifacética que bajo el tema del “gusano” (2010- )  agrupa performances, instalaciones, fotografía y escultura.

La primera serie citada, Azul se puede ubicar en la vertiente del Nuevo documentalismo, ya emprendida por fotógrafos como Ricardo G, Elías, René Peña o Alejandro González. La fuerza que ha ido cobrando esa vertiente de la fotografía contemporánea se comprende dado el interés de los fotógrafos por penetrar la realidad partiendo de su perspectiva personal, por construir otros discursos, por sustentar una mirada personal e íntima, sobre el entorno social, la vida cultural o la vida cotidiana.

El Nuevo documentalismo sigue el camino ya esbozado por la fotografía documental, pero el peso de la crónica al estar sustentada por experiencias y vivencias personales adquiere otro carácter. El papel del creador como autoetnógrafo convierte la narración  fotográfica en un testimonio intransferible, lo dota de una subjetividad a través de la cual  lo que se cuenta, se muestra y se describe, implica un significado que forma parte de la propia vida: el barrio, la ciudad, la familia o los amigos.

En Cuba vivimos en un limbo, en el que Walker Evans se sentiría muy a gusto, si como dijo estaba interesado en conocer el aspecto que tiene el presente visto cómo pasado, pero con el añadido de que parte de las apariencias de nuestro presente están teñidas de  pasado y ello dota la realidad de un matiz particular.

Azul, es una serie que parece inspirada en esa paradoja del tiempo. En ella se muestran escenarios de los restos del central Humberto Álvarez, antiguo Dos Rosas en el que vivió el artista parte de su niñez. En todas las fotos el fondo natural del cielo enmarca la imagen, los despojos que quedan del coloso azucarero viven entre la gente y causa una profunda impresión observar tanta chatarra metida en el entorno, convirtiéndose en parte natural de la existencia. En una de las fotos la imagen está inclinada, la casa situada en un primer plano se  inserta entre los desvencijados hierros, parece que cae lentamente junto a la torre, el símbolo más fuerte de un central, que está a su espalda, al unísono asoma en un costado el rostro de alguien que pasa. Tal disposición le imprime movimiento a la imagen, la hace verosímil no se distancian las realidades naturales de las sociales. Ese es el nuevo documentalismo, una lectura que juzga, evidencia circunstancias y sucesos, en la misma medida que testimonia. No se trata solo de presentar las cosas, si no de lograr que las cosas hablen por sí mismas.

Detritus, se apropia del entorno que aparece en la serie anterior a través de variaciones composicionales. Un ingenioso montaje es aprovechado para llevar el ambiente que rodea el central al interior de una caña de azúcar diseccionada. Las imágenes se dilatan, penetran el tejido de la caña pasando a formar parte de él. En ocasiones, el paisaje natural y la chatarra  se integran a una misma realidad azotada por el viento, mientras una diminuta figura hace su trabajo cotidiano. 

La base documental que descansa en las imágenes se supedita al efecto estético del  montaje. Sin embargo, al ser la portadora del suceso la caña de azúcar,  el significado se aprecia de otra manera, pues la memoria que las imágenes trasmiten ha sido absorbida por la muda estructura de la delgada caña. Tras el encanto de la densidad formal de la imagen aparecen  inconclusos el paisaje, los hombres y el entorno, que fluyen y se escapan como si fueran parte del celuloide de un film, o un cuadro que aún no se ha concluido.

En la serie Cuestiones de estado, el contenido de las piezas se centra en los títulos y sucede lo que se ambiciona alcanzar cuando se priorizan las interpretaciones: la obra es un medio para realizar una idea. Los temas sociales son representados por símbolos naturales e industriales puestos en función de las circunstancias que los títulos anuncian. Cada elemento es tomado tal y como se encuentra en su medio, el artista no transforma nada, convirtiéndolos en caprichosos “ready made”. Combinar los títulos con las cualidades naturales de los objetos, acercan al artista  a la vertiente neoconceptual, lo que le permite dirigir el procedimiento analítico hacia montajes visuales que exteriorizan valores y cualidades de contenido social y cultural.

Valga reseñar algunas de estas fotografías, por ejemplo, aquella donde aparece un nudo hecho de alambre de púas que lleva por título Mecanismo de control, o un tubo de goma amarrado a un árbol nombrado La ley, un fino alambre doblado sobre sí mismo designado como Desorden, la sombra que proyecta forma parte de su disposición, la belleza que emerge de esta disposición refuerza su significado, pues cuando hay falta de orden las consecuencias van más allá  de aquellas circunstancias que las generaron.

Algunas fotos apelan a la ironía, como Falsedad en la que asoman dos tubos de hierro juntos, pero solo uno de ellos proyecta su sombra, es así, la falsedad en ocasiones depende del juego de los roles que se estén representando, de los intereses, o de cómo las cosas se evidencian. En otra fotografía apenas se distingue una cerca de alambre confundida por su propia sombra, y su título es Planificación socialista, ¡Vaya humor!

Irónica es también Grupo de choque, cuya imagen la forman 4 barras de acero paradas sobre un muro, que quizás son parte de una obra constructiva que empieza, o que no se concluyó nunca. Proyectadas hacia el exterior semejan esos vigilantes que resguardan la seguridad socialista. Y por último mencionaré la fotografía llamada Conspiración, donde se observa un trozo de cabilla semioculta tras una mole de piedra. En esta, como en todo el conjunto de la serie, el gesto irónico, burlón o humorístico constituyen un recurso para humanizar todo aquello que fue encontrado por  azar. 

Leyendo el muro es de sus series la más conceptual, ya que el significado de la obra depende de la disposición estética elegida para mostrar el paisaje y de la lectura que esta disposición genera, aprovechando las frases de contenido ideológico que se encuentran con regularidad en el contexto urbano. El artista parte de una inversión de la posición original del paisaje en sentido horizontal y con ello el de las frases que están inscritas en el muro, pues al aparecer al revés solo pueden ser leídas en sentido contrario, así se confunden las relaciones entre cielo, muro y tierra, dificultándose también, la lectura de los propios textos, lo que parece ser el propósito de la obra.

Cerca del muro portador de las frases, hay un desagüe que desemboca en un charco. Las frases se reflejan en este como en un espejo, pero el agua es turbia y según se evapora se pierde la posibilidad de la lectura. Las fotos trampean con la percepción, creando una ingeniosa metáfora sobre el agotamiento del discurso político.

Dentro del Nuevo documentalismo también se encuentra la serie Los signos del cambio esta es su última producción fotográfica que recoge imágenes del escenario urbano en el que vive el artista. Lo que capta la cámara son casas que tienen en sus fachadas letreros que anuncian la oferta de diferentes servicios, autorizados dentro de la nueva actualización económica propuesta por el estado: Agencia de seguros, Afilador de tijeras, alicates y cuchillos, Servicios informáticos, Se reparan computadoras, Peluquerías, Floristería y otros, ¿Qué es lo que permite pensar en esta serie como Nuevo documentalismo? ¿Qué es lo que la hace particularmente atrayente? Las imágenes no argumentan en qué dirección van los cambios, no informan sobre ello, simplemente son fotografías que toman su título de los servicios que se brindan en cada caso. Hay curiosidades como la casa que avisa sobre la reparación de computadoras y el letrero de este aviso está contenido en un display destartalado. En una imagen vemos un transeúnte caminando, en otra, un hombre sentado en la acera, un perro pasando frente a la fachada de una de las casas, o ropas tendidas al sol en el patio, elementos que le dan vida a la escena, pero, en general solo hay quietud. Es muy reveladora la relación entre el anuncio y las condiciones físicas  de los inmuebles. Son ofertas que están metidas en la propia vida, por eso se hace tan difícil entender a veces si los anuncios son ciertos o es una broma. Las portadas de las casas no cambian con ellos, son un aditamento más con las implicaciones de la actividad que se supone se despliega.

Las apariencias que se muestran nos hacen conscientes del nuevo imaginario urbano que se está formando dadas las condiciones económicas emergentes, pero Nadal las interpreta por medio del título de la obra, que se refiere a lo que vemos como un cambio. 

Quizás la serie más completa que analizaremos en este trabajo sea la que viene realizando bajo el título de Gusanos. El lenguaje oral ha saturado esta palabra de contenido político al ser identificada con aquellas personas que abandonaban el país por motivos diferentes, convirtiéndose en exiliados. Pero en el presente, el nombre ha ido perdiendo presencia y su uso es más esporádico. Nadal ha querido aprehender esa tradición  y desde ella representar un proceso de cambio de identidad de un concepto, que si bien ya es otro su sentido, la manera de representar su significado establece conexiones muy bien aprovechadas por el artista.

El gusano es un maletín largo, generalmente negro que en los últimos años es muy utilizado para cargar no solo objetos personales, sino también diferentes productos que se venden en las tiendas alternativas. Si bien en las cuatro primeras décadas de la Revolución se le asociaba con ese sujeto social al que nos referíamos, en la actualidad es bendecido como una de las formas de transportar más fáciles y populares. Para resumir una historia tan caprichosa el artista ha realizado varias series de fotografías que van desde acciones performáticas ejecutadas en aeropuertos internacionales donde su atuendo era el mencionado maletín, hasta imágenes en las que aparece junto a la bendecida carga.

En la XI Bienal de La Habana Nadal presentó bajo el título de Gusanos, una muestra que resume el tema.  Un conjunto de esculturas de resina epóxica y lana de vidrio, cuyo atuendo era el maletín, se podían ver en la fachada de una casa del Vedado saliendo por una ventana, subidas al muro, o a la entrada de la casa; completaban la obra una escultura de San Gusano, el Santo de los viajeros, que había sido colocada en la ventana del portal tras la reja, un panel con fotos de los performances realizados por el artista y una enorme foto pegada al piso de dicho portal. Todo ello constituía un conjunto que arrinconaba el tema desde distintas soluciones visuales, originando los más increíbles comentarios de los transeúntes.

La densidad más fuerte se situaba en el Santo y en la foto del piso. El tono gris claro de su figura, el rostro un poco desdibujado, lo acercaban más que a un sincretismo criollo a la imaginería popular urbana, cuyas deidades no tienen a veces un origen. Esta solución formal lo ubica con acierto dentro del conjunto, pues su fuerza reside en su sencillez, en la falta de llamativos atuendos, en el sentido que se le puede atribuir a un sujeto que no depende de religiones, ni de ideologías. El gusano es así un ser trashumante que nos representa a todos.

La foto del piso nombrada Surco muestra un conjunto de personas en fila vistas desde arriba. Se observan sus cabezas, algo de sus cuerpos, pero sus expresiones se pierden. La imagen se puede pisar e irá perdiendo nitidez con los días, según se humanice dejará de ser percibida. Esta es una perseverante metáfora del viaje que muchos cubanos han emprendido, algunos sin regreso.

No incluyo en este comentario su boletín intermitente La Mentirosa, que junto a Galería I-MEIL, la obra del artista Lázaro Saavedra, representan dos publicaciones alternativas que se aprovechan del correo electrónico para comentar desde el arte, la realidad del propio campo artístico, los sucesos de la vida cotidiana o aquellos de índole política o ideológica que salpican nuestro contexto social. Son diferentes en su formato, estructura y en su concepción, pero son afines por el medio de subsistencia que han elegido, por el uso recurrente del sentido del humor y por su valor testimonial y documental, pero comentarla merece un texto aparte a través del cual se interprete su fragosidad.

El amplio registro creativo de este artista comprende experimentaciones con el fotomontaje, el collage, y la fotografía digital, entre otros procedimientos formales. Los procedimientos postmodernos, tan al uso en nuestro contexto visual, son instrumentados en varios de sus trabajos, sobre todo la forma en la que parodia al  personaje del gusano, pues la imagen del viajero en esas condiciones a veces precarias, es un tributo a las habilidades para sortear todo tipo de obstáculos.

A su vez, muchas de las imágenes que aparecen en sus obras tocan una de las corrientes más ricas del Nuevo Arte Cubano: el Neo-historicismo, pero apuntan en otra dimensión, pues al tomar el presente tal y como es y leerlo en dirección a su contenido, interpretarlo en sus significados, no se está entrelazando el pasado con el presente, como hacen los artistas neo-históricos, está recreando un presente cuya apariencia contiene mucho del pasado.

En el conjunto de su obra no se asumen roles sociales tradicionales, los sujetos con los que se identifica el propio artista: el viajero, el habitante del batey, su barrio, integran sus propias vivencias, incluso la identidad del gusano es parodiada no solo en su aspecto físico, si no más bien por lo que este representa.

Las series que he escogido para este comentario van en las dos direcciones más sólidas que identifican su trabajo: El Nuevo documentalismo y el neoconceptualismo, un género y una tendencia que le han permitido representar la realidad, penetrar sus significados a través de sus formas, haciendo hablar las imágenes como si tuvieran voz y gesticularan, asomando a través de ellas esta realidad que nos rebasa.

La Habana, 2012.

 

 

*Esta frase pertenece al pensador Walter Benjamín del texto Pequeña historia de la fotografía. En: “Sobre la fotografía” Walter Benjamin. Ed. PRE-TEXTOS. Valencia, 2007. p.28.
[1]  Ídem, p. 26.

 

Project : Issues of State. Memory, 2008 / Photography
Project : Issues of State
2008 to 2013
Syllabism. Sobreviviendo, 2003 / Cover photo syllabism* / 100 x 150 cm each one
Syllabism. Sobreviviendo
2003
Groove, 2012 / Photography placed on the floor to walk on it  / 600 x 120 cm
Groove
2012
Worms, 2012 / Installation / Dimensions variable
Worms
2012